Los efectos nocivos del estrés ya se conocían en el siglo XX, siendo considerado el estrés como uno de los grandes males de las sociedades occidentales. Ahora ya en el siglo XXI, la situación todavía es peor.
Nuestro organismo no está preparado para el ritmo trepidante, exigente y contaminador a todos los niveles – físico, emocional y mental – que le imponemos, y claro, éste se queja, y esta queja se manifiesta a través de la enorme variabilidad de síntomas que nos aquejan, y cuando la queja ya es un grito de auxilio llega la enfermedad.
Es estrés es una respuesta fisiológica natural del organismo, es un mecanismo de supervivencia, el problema surge cuando esa respuesta se alarga en el tiempo y se cronifica.
Se han realizado numerosos estudios sobre los efectos de ese estrés crónico,
Tanto los estudios llevados a cabo con babuinos de las planicies africanas como los de los laboratorios de neurociencia de la Universidad de Stanford nos revelan hasta qué punto el estrés puede resultar letal.
Se ha comprobado cómo el estrés crónico encoge el cerebro, debilita nuestro sistema inmune,…, hasta altera nuestros cromosomas.

Todos conocemos el enorme bienestar que se siente cuando abrazamos y somos abrazados; el contacto físico donde sentir a la otra persona reconforta el alma.
Sí existe un cerebro musical, según investigaciones realizadas por neurocientíficos. Se ha visto incluso cómo los cerebros de los músicos presentan varias zonas más grandes de lo normal.
La sanación a través del AMOR, así en mayúsculas, parecería ser algo muy bello que desgraciadamente no se corresponde con la realidad.
Los efectos perjudiciales del azúcar en nuestro organismo, sobre todo el blanco refinado, es ya ampliamente conocido.
La enfermedad es considerada la mala de la película, como un alien que viene de fuera y nos atrapa convirtiéndonos en víctimas.
Hace unos días leí acerca de un estudio realizado sobre el Paracetamol, uno de los analgésicos más comunes, que indicaba un efecto secundario totalmente inesperado, ¡afectaba a la empatía y compasión de la persona que lo consumía!
Las Terapias Reflejas son aquellas que trabajan en una parte del cuerpo para llegar a la totalidad de éste. Nuestro cuerpo es un holograma donde el todo se refleja en las partes y cada parte refleja el todo.
A estas alturas plantearse si la mente, las emociones, las creencias, el tipo de alimentación; influyen en nuestro estado de salud o enfermedad, es como plantearse si el sol gira alrededor de la tierra.
¿Creerías que las palabras, el cómo hablas, puede actuar sobre tu salud, tu cerebro y hasta tu ADN?








