¿Qué nos engorda y enferma?

Qué nos engordaCada día van surgiendo estudios que ponen en entredicho creencias sobre qué alimentos son los más adecuados para comer, cuáles son los más nutritivos y sanos, y qué es lo mejor cuando hay enfermedades o problemas de salud.

Hace ya tiempo que los consejos y directrices sobre alimentación y salud siguen más las técnicas del marketing y consumo que el conseguir una nutrición y salud integral.

En este sentido me ha resultado muy interesante el artículo de Tener Salud, «Comer grasas no engorda…pero hacer esto, sí», ya que además de poner en su lugar el lavado de cerebro que nos han hecho con la maldición de las grasas, indica 16 malos hábitos que convendría corregir.

Y el vídeo «Enfermedades, dolores…¿de verdad su médico le está dando todas las soluciones?» presenta alternativas naturales, sin efectos secundarios y con efectos duraderos,  a la mayoría de los principales medicamentos; además de presentar el enorme valor de alimentos como, por ejemplo, los plátanos, las manzanas y el aguacate.

Por ejemplo, se menciona que,

«Actualmente, la investigación más puntera sobre las grasas ha demostrado su efecto beneficioso e indispensable para numerosos procesos biológicos»

y también que

» desde la moda del «0% materia grasa», la obesidad se ha convertido en una epidemia.»

A continuación comparto extractos del artículo y el link del vídeo:

Comer grasas no engorda…pero hacer esto, sí

En los años 60 empezó a circular una idea totalmente errónea alrededor de las comidas: que las grasas engordan.

Mentira. Las grasas no nos hacen engordar. Lo que engorda es el exceso de calorías absorbidas con respecto a las calorías consumidas (en función del ejercicio físico y del estilo de vida). De entre todos los alimentos, los azúcares y los carbohidratos (glúcidos) son los que más engordan, ya que alteran el metabolismo y el apetito. Pues bien, la mayoría de los productos “0% materia grasa” están hasta arriba de ellos.

Sobre este tema ya no hay discusión posible: desde la moda del “0%  materia grasa”, la obesidad se ha convertido en una epidemia. Hay el triple de niños con sobrepeso u obesos que antes. Y sabemos por qué: toman más azúcares en forma de galletas, caramelos, refrescos, meriendas de todo tipo, pero también en forma de cereales y alimentos feculentos, que dicen ser buenos para la salud por su pobre contenido en grasas.

Si existe una política de estado que ha fracasado, ésa es la de la lucha contra la obesidad. El mito de que la grasa engorda aparece en los programas escolares, en las paredes de los hospitales, en las revistas y en las pantallas de televisión. En el colegio los niños aprenden que un gramo de lípido (grasa) aporta el doble de calorías que un gramo de glúcidos (azúcar) y que para reducir la ingesta de calorías lo más eficaz es entonces reducir las grasas. En televisión se les repite hasta la saciedad que no deben tomar “ni demasiadas grasas, ni demasiada sal, ni demasiado azúcar”. Y la consigna de no comer “demasiadas grasas” está considerada como la más importante de ellas para estar sanos.

Y volvemos a lo mismo: es mentira. Pero no es el único mito que, en lugar de hacer que adelgacemos, hace que engordemos. A continuación tiene 16 malos hábitos extraídos del programa Eat This, Not That (Coma esto, no aquello).  Tome nota de ellos para abandonarlos inmediatamente y lograr así salir del infierno nutricional y recuperar sin esfuerzo su peso natural.

Mal hábito nº1: Comer sin grasas

Parece un disparate, pero por el bien de nuestra salud, nos interesa dejar de comprar productos con la etiqueta “0%  materia grasa” o “bajo contenido en grasa”. Menos materia grasa a menudo quiere decir “más glúcidos” en forma de harinas y espesantes, que provocan un pico de azúcar en la sangre, un pico de insulina, y justo después, un ataque brutal de apetito.

Dependiendo del país, se recomienda que los glúcidos cubran entre el 50 y el 60% de las necesidades de energía.

Sin embargo, investigadores de la Universidad de Alabama en Birmingham (Estados Unidos) han comprobado que las comidas que contienen un 55% de glúcidos sacian menos y provocan un incremento mayor del nivel de azúcar en la sangre que las comidas en las que la ingesta de glúcidos está limitada a un 43%.  Si reducimos en nuestra alimentación la parte de los glúcidos en favor de las proteínas y grasas, podremos almacenar menos grasas corporales y disminuir la sensación de hambre.

Mal hábito nº2: Dormir demasiado o no lo suficiente

Según los investigadores de la Escuela de Medicina de Wake Forest en Estados Unidos, las personas que duermen 5 horas o menos acumulan 2,5 veces más grasas abdominales que las demás.

Son las grasas más peligrosas, porque se acumulan alrededor de los órganos internos, a diferencia de lo que ocurre con la grasa que se encuentra, por ejemplo, en los muslos.

Pero el problema también afecta a las personas que duermen demasiado (más de 8 horas de media cada noche). Intente dormir entre 6 y 8 horas, ya que se trata de la duración más recomendable, tanto para el peso como para la salud en general.

Mal hábito nº3: Comer en el restaurante el “picoteo” que no ha pedido

Puede que en los restaurantes el pan, las salsas, y a veces las patatas fritas y los aperitivos que le ponen en la mesa sin pedirlos sean gratis, pero eso no quiere decir que no lo vayamos a “pagar”. Cada vez que comemos un currusco de pan, estamos añadiendo 80 calorías a nuestro almuerzo. Si comemos tres trozos de pan a lo largo de la comida, ya tendremos 240 calorías adicionales. Lo peor es que son calorías vacías que no tienen ningún valor nutricional.

Mal hábito nº4: Beber refrescos

Las bebidas con gas, azucaradas, que hace 40 años prácticamente no existían en Europa, se han convertido en algo habitual para muchos niños y adultos. ¿Por qué son tan malas? Porque beber 1 ó 2 refrescos al día aumenta el riesgo de tener sobrepeso o ser obeso en casi un 33%, según demostró un estudio ya en el año 2005.

Mal hábito nº5: Comer demasiado rápido

Si esa maravillosa creación que es nuestro cuerpo tiene un defecto es el siguiente: que el estómago tarda 20 minutos en decirle al cerebro que tiene suficiente comida. Comemos y tenemos el estómago lleno, pero el cerebro aún no lo sabe. ¡Sigue enviándonos mensajes de hambre! Un estudio del Journal of the American Dietetic Association ha comprobado que las personas que comen despacio absorben 66 calorías menos por comida. Y aún así, en comparación con las personas que comen rápido, ¡tienen la sensación de haber comido más! Usted me dirá, “¿qué son 66 calorías?”. Pues eche cuentas. Si empieza a comer despacio hoy mismo, en un año habrá perdido más de diez kilos.

Mal hábito nº8: Pedir menú en el restaurante

Un estudio de la publicación americana Journal of Public Policy & Marketing demuestra que, cuando pedimos a la carta, ingerimos 100 calorías menos que tomando un menú. ¿Por qué? Porque al pedir un menú, tenemos “derecho” a comida que no necesariamente habríamos pedido si hubiéramos podido elegir o si hubiéramos tenido que pagar por ella en concreto.

De esta manera, esa tendencia tan natural de querer que nos den lo máximo posible por nuestro dinero es la que nos lleva a aceptar en el restaurante un refresco, un “chupito” o unas patatas fritas, que no necesariamente habríamos tomado si hubiéramos tenido que pedirlo (y pagarlo) por separado.

Mal hábito nº11: Elegir pan blanco

Un estudio del American Journal of Clinical Nutrition ha comprobado que cuando las personas obesas sustituyen el pan y los productos fabricados con harina blanca por pan y productos fabricados con cereales integrales, pierden más grasa abdominal durante 12 semanas. Sin duda, existen varios factores implicados, pero el principal es que los cereales integrales son difíciles de digerir y aportan más vitaminas y minerales. Aún así, los cereales, incluidos los integrales, deben ocupar un lugar muy pequeño en nuestra alimentación.

Mal hábito nº15: Beber zumo de fruta

Beber un zumo de manzana no equivale a comerse una manzana, ni un zumo de naranja equivale a una naranja.

Según un reciente estudio de la Escuela de Salud Pública de Harvard, publicado en el British Medical Journal, beber tres zumos de fruta a la semana eleva el riesgo de sufrir diabetes en un 8%, mientras que comer tres piezas de fruta disminuye el riesgo de diabetes en un 7%. Este porcentaje llegaba al 12% en el caso del pomelo, al 14% en el de las manzanas y peras, e incluso al 19% en el caso de las uvas.

Los zumos de fruta se digieren mucho más rápido. El azúcar de las frutas (fructosa) pasa más rápido a la sangre y enseguida es metabolizado por el hígado, que lo transforma en grasa en lugar de utilizarlo de forma progresiva para proporcionar energía.

Mal hábito nº16: Comer bajo el efecto de las emociones

Un estudio de la Universidad de Alabama ha comprobado que las personas que reconocen comer como reacción a un estrés emocional tienen un riesgo 13 veces mayor de sufrir sobrepeso o ser obesos. Si tiene la sensación de que come para compensar el estrés, intente beber agua, dar un paseo o, si eso no le resulta suficiente, masticar un chicle sin azúcar (como un mal menor).

El siguiente vídeo es un mensaje personal de Juan-M Dupuis, autor de la e-letter Tener Salud, y es una promoción de los Dossiers de Salud, Nutrición y Bienestar – muy interesantes por cierto.

Sin embargo, independientemente que estés o no interesado en suscribirte, es interesante escucharlo por la sencillez y claridad de alternativas naturales y alimentos para ayudar en caso de, por ejemplo, diabetes, hipertensión, dolores de cabeza, artrosis, alopecia, etc.

Vídeo: «Enfermedades, dolores…¿de verdad su médico le está dando todas las soluciones?» 

Fuente: Salud, Nutrición y Bienestar

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