MTC – El Otoño, ¿Se caen algo más que las Hojas?

Otoño - MTCSegún la Medicina Tradicional China (MTC), el otoño es la estación que corresponde al elemento Metal.

Para la MTC, hay una relación entre las características energéticas de las estaciones y el ser humano, ya que éste vive inmerso en la energía del momento, y tiene la opción de adaptarse a ella y fluir suavemente o ir en contra.

Por ejemplo, cada estación tiene sus comidas, y el sentido común nos dice que deberíamos comer los productos de cada estación, así las verduras del otoño ya no tienen la ligereza y frescura del verano, por ejemplo, la col o la coliflor ya muestran como una concentración y dureza más propias de esta época.

En la naturaleza, es típico en el otoño la caida de las hojas, la energía de las plantas va hacia dentro, se va replegando para luego hacer frente al frio del invierno.  Si los largos y calurosos días del verano invitaban a la expansión, la ligereza; los más cortos y más frios días del otoño invitan a la introspección, a preservar nuestra savia, nuestra esencia.

Todo empieza a aquietarse, a enlentecerse.   No es época de malgastar innecesariamente nuestras energías, hay que cuidarlas para poder atravesar el invierno.

El vacío del otoñoLos orientales asocian esta época al elemento Metal, cuya energía es la Sequedad.  Pero esta sequedad puede también interpretarse como “vacuidad”, en el sentido de algo que está vacio y dispuesto a ser llenado, por ejemplo un cuenco es útil en la medida en que puede llenarse y vaciarse.

En el caso del ser humano, la vacuidad es la vivencia del vacio.  Por ejemplo, cuando nuestra mente logra “vaciarse” de los miles de pensamientos que la inundan – la mayoría de ellos repetitivos e inútiles -, es mucho más probable que una idea brillante aparezca.

En nuestra sociedad el vacio no suele vivirse bien, se asocia a la carencia, y así vamos acaparando y guardando: objetos, comida, pensamientos, resentimientos ….

A nivel corporal la energía del Metal se relaciona con los pulmones y el intestino grueso.  Estos dos órganos nos ilustran maravillosamente la vacuidad.

La respiración es un ciclo interminable de llenado y vaciado durante nuestra vida terrenal, es nuestra alimentación celeste.  El cielo nos alimenta a todos por igual, todos respiramos el mismo aire; y a nadie se le ocurre pensar llenarse mucho los pulmones de aire por si le falta en el futuro, la respiración nos obliga a vivir el presente, a confiar en la vida.

Además la respiración nos nutre, nos proporciona el alimento más imprescindible.  Con una buena respiración no es necesario comer demasiado, sobre todo cuando nos vamos haciendo mayores, y nos proporciona un bienestar y serenidad que nutre la alimentación entre los seres humanos: los sentimientos.

Podemos hacer consciente la forma de respirar, y hay muchas técnicas que «enseñan» a respirar.  Unos pocos minutos cada día de tomar consciencia de nuestra respiración ya la serena y nos puede ayudar mucho a fortalecer nuestras defensas, a estar más relajados, más serenos, más alertas.

En el caso del intestino grueso, el llenado y vaciado es esencial para su buen funcionamiento.  El estar casi siempre lleno, como ocurre en los casos de estreñimiento – problema muy extendido en nuestra sociedad – es como si el pulmón se quedara con el aire dentro y no lo soltara.  Los ejercicios de respiración suelen ayudar a que el intestino grueso funcione mejor.

Lo que la energía del otoño nos muestra es a soltar todo aquello que ya no necesitamos, a quedarnos en lo esencial, a vivir el vacio, a confiar en que la vida nos traerá aquello que necesitamos, y claro, hay que dejar espacio para que entre.

El sabor que se asocia a esta energía es el picante.   Todos hemos notado cómo el sabor picante parece que nos expandiera los pulmones, nos obligara a respirar más profundamente.  Así que un poco, sólo un poco, de este sabor en los guisos, o infusiones con gengibre, por ejemplo, nos ayudará a tonificar la energía de esta estación.

A nivel emocional, cuando la energía del metal no está equilibrada, puede aparecer la tristeza, la melancolía.  Parece un tópico que en el otoño nos volvemos tristones, que un paisaje otoñal nos deja melancólicos.  Quizás es porque la energía del momento nos vuelve hacia dentro.  Pero si el metal se vuelve demasiado frio y duro, un poquito del fuego de la alegría ayudará a fundir tanta dureza.

Disfruten de la vacuidad del otoño a través de una buena respiración, y asómbrense al ver como el universo les llena el cuenco de su vida.

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