El Poder de Mozart

Por Peter Gumbel, Paris 

Con la colaboración de Bethany Bell, Salzburgo y Julia Mason, París

(Artículo aparecido en Time, el 16 de enero de 2006 – Traducido por Mª Antonia Crevillén)

MozartEl legendario compositor ya no sólo sirve para escucharlo, 250 años desde su nacimiento se ha convertido en una moda dentro del campo de la salud.

Katia Eliad, una artista residente en París, se encontraba atascada en la vida.  Sentía que su creatividad estaba bloqueada, se sentía desconectada de si misma y por alguna razón inexplicable no podía utilizar el verde o el azul en su pintura abstracta.  Así que la pasada primavera comenzó un tratamiento inusual: dos horas diarias de música de Mozart durante tres semanas en ese momento, filtrada a través de unos auriculares especiales que vibraban y que a veces cortaban las frecuencias más bajas.  El impacto fue increíble.  “Me encuentro mucho más tranquila conmigo misma, con la gente, con todo”, dice Eliad de 33 años.  “Siento como si hubiera hecho 10 años de psicoanálisis en sólo 8 meses”.  El azul y el verde han vuelto a su paleta de colores.  En cuanto a Mozart, “se ha convertido como en un abuelo que te calma cuando te despiertas en mitad de una pesadilla”.

Wolfgang Amadeus Mozart nació hace 250 años, el 27 de enero de 1756, y un gran número de celebraciones se han planeado en todo el mundo para celebrar el aniversario.  Este año estará lleno de su música, pero también será un tiempo para volver a examinar las contradicciones e interpretaciones opuestas de su corta vida de 35 años.  Se le ha encasillado en muchos roles: el niño prodigio que su padre Leopoldo hacía desfilar por las cortes europeas; el crío malhablado cuyas cartas dan testimonio de su predilección por las bromas fisiológicas.  Un error muy extendido es el que está enterrado en una fosa para indigentes en el cementerio St. Marx de Viena.  Otra leyenda sin confirmar pero a la que se le ha dado total credibilidad gracias a la película Amadeus, lo muestra como la víctima de su rival en la corte Antonio Salieri.  Admiradores fervientes declaran que tenía una inspiración divina, pero algunos psicólogos actuales identifican una personalidad infantil regresiva.  Y si estuviera vivo ahora, dice Herbert Brugger de la oficina de turismo de Salzburgo, sería “un ídolo musical, alguien entre Prince, Michael Jackson y Robbie Williams.”

Hay muy poca novedad en este tipo de encasillamiento.  Pero en la última década y cada vez más a Mozart se le ha ido colocando en un papel que es quizás el más controvertido de todos: como sanador de cuerpo y mente.  En esta interpretación de la Nueva Era, Mozart es el compositor-terapeuta esencial cuya música puede ayudar a tratar dolencias que van desde un acné hasta un Alzheimer, e incluso se asegura, hace que tú y tus hijos seais más listos.  Algunas de estas afirmaciones están basadas en estudios científicos.  Un neurocirujano de Chicago ha realizado estudios que indican que ciertas obras de Mozart pueden reducir la intensidad y frecuencia de crisis epilépticas en algunos pacientes; también algunos investigadores en Irvine, California, han encontrado que algunas personas con Alzheimer mejoran en la realización de tests mentales después de escuchar a Mozart durante 10 minutos.

No obstante, bastante del material que apoya estas afirmaciones es anecdótico.  El actor francés Gérard Depardieu dice que Mozart le ayudó a curar su tartamudez infantil.  Eliad, la pintora, recibió su tratamiento en un instituto fundado por un médico de París llamado Alfred Tomatis, que fue el pionero en el uso de la música de Mozart para tratar todo tipo de problemas infantiles al igual que enfermedades en adultos incluída la depresión.  Muy pocas autoridades nacionales reconocen oficialmente el tratamiento, y los terapeutas musicales tradicionales son profundamente escépticos.   Sin embargo, Polonia está actualmente introduciendo por todo el país los métodos de Tomatis en centros que ayudan a los niños con dificultades de aprendizaje.  Y en el barrio londinense de Richmond, Jackie Hindley atribuye a este método el haber ayudado a su hijo Lawrence de seis años.  Llevaba retraso en su desarrollo y era hiperactivo, dice Hindley, y tenía un peculiar problema de lenguaje: cuando la gente le hablaba él se mantenía callado durante media hora antes de responder.  Tras varias sesiones escuchando a Mozart, “ahora es un emisor activo que responde inmediatamente a lo que se le dice”, dice Hindley.  “Ha hecho avances muy profundos.”

Con todo, la más reciente y extendida afirmación, y la más cuestionada, es que Mozart puede aumentar el poder de tu cerebro.  Esta idea recibió apoyo científico por primera vez en un artículo de Nature en 1993, cuando encontraron que estudiantes de secundaria que escuchaban el primer movimiento de la Sonata en D Mayor para dos Pianos de Mozart lograban mejores resultados en un test de razonamiento espacial que consistía en mentalmente desdoblar un trozo de papel.  El principal autor de este estudio Frances Rauscher, profesor adjunto en el Universidad de Wisconsin además de violonchelista, decidió entonces realizar un test similar con ratas de laboratorio.  Se las expuso a la misma sonata en útero y durante los dos primeros meses de vida, y luego se las dejó libres en un laberinto.  Recorrieron mucho más rápidamente su camino hasta la salida que otros tres grupos de ratas a las cuales se les había expuesto a un sonido uniforme, a silencio o a una pieza extremadamente repetitiva del compositor norteamericano Philip Glass.

Desde entonces,  estudios de este tipo han creado una tormenta académica, y mientras muchos de los colegas de Rauscher han perfeccionado su descubrimiento, otros colegas lo han desacreditado.  Otros investigadores, al reproducir exactamente sus trabajos han tenido éxito unas veces y otras no.  Pero el trabajo de Rauscher recibió una amplia cobertura en todos los medios de información y dio lugar a la moda pop-psicológica conocida como “efecto Mozart”.   Se puede encontrar en el mercado docenas de CDs con recopilaciones de Mozart y que prometen aumentar su inteligencia, con títulos como Mozart para Mamas y Papas – Arranque con ímpetu el C.I. de su bebe.   Estas afirmaciones han tenido su repercusión en la política social: el estado de Georgia en USA comenzó a regalar CDs de música clásica a todos los padres de bebes, y hay programas similares pero menos oficiales en Colorado, Florida y otros lugares.

Detrás de bastante de todo este comercio está el músico norteamericano Don Campbell, quien no es un científico y no tiene nada que ver con la investigación inicial, pero rápidamente registró el término “efecto Mozart”,  ha escrito dos libros bestsellers sobre el tema y ha recopilado más de una docena de CDs.  “En un instante la música puede elevar tu espíritu.  Despierta dentro de nosotros el espíritu de oración, compasión y amor”, escribe Campbell.  “Aclara nuestras mentes y se sabe que nos hace más listos”.

Rauscher se encuentra sorprendida por esta comercialización tan fértil, y a veces hasta le hace gracia.  “Al menos alguien se las ha ingeniado para ganar dinero con esto”, dice.  Pero se irrita con la manera en la que se han tergiversado sus resultados.  “Nunca nadie ha dicho que escuchar a Mozart te haga más listo”, se queja,  y señala que su investigación sólo mostraba una mejora temporal y limitada en la capacidad espacial del estudiante en lugar de un aumento general y sostenido del C.I.   Actualmente, incluso está revisando sus propias conclusiones iniciales a la luz de investigaciones posteriores de otros, y trabaja en un libro provisionalmente titulado La Música y la Mente más allá del Efecto Mozart.    El escuchar a Mozart, reconoce ahora, puede no ser tan importante para el cerebro como la sensación general de un estado de ánimo elevado al hacer algo que te gusta.   Campbell, residente en Colorado, ni le ha molestado esta actitud ni el claro desprecio que encuentra en la comunidad académica.  “No creo que podamos probar nada pero tampoco podemos refutarlo”, dice.   “Siendo honesta, no entendemos el porqué la música tiene esa poderosa influencia sobre el cerebro.”

Tiene algo de razón.  Estudios científicos muestran que diferentes áreas cerebrales se activan cuando una persona escucha música.  Además hay algunas coincidencias entre las áreas del cerebro mayormente responsables de la música y aquellas utilizadas en el razonamiento espacial.  Pero más allá de esto hay poca certeza sobre el porqué ciertas piezas de música estimulan más que otras – e incluso se comprende menos el porqué la música tiene a veces ese efecto sedante.

Glenn Schellenberg, un profesor de psicología en la Universidad de Toronto en Mississauga, se basó en el estudio de Rauscher al comparar los efectos de una pieza alegre de Mozart con una pieza triste de Albinoni, y luego comprobaba si la música de la banda de rock británica Blur tenía un mayor impacto.  (La respuesta es sí entre los chicos de 10 y 11 años).  En algún momento incluso hizo un experimento donde enfrentaba la música de Mozart a una historia de Stephen King.   Su conclusión fue: las personas que prefieren a Mozart funcionan mejor tras escuchar a Mozart; y las personas que prefieren a Stephen King funcionan mejor tras escuchar la historia.  Estos resultados son parecidos a los obtenidos por neurocirujanos que durante bastante tiempo han registrado los efectos de diferentes estimulantes, incluyendo música y drogas, sobre las pautas de descargas eléctricas en el cerebro.  No está todavía claro cómo funciona este proceso exactamente, pero esta estimulación cerebral puede conducir a máximos tanto en la acción como a nivel de consciencia.

¿Por qué es la música de Mozart el punto central de este debate en lugar de otros compositores clásicos como Bach, Beethoven o Chopin?  Muchos sonidos, desde el canto hindú hasta el ruido de las olas rompiendo en la orilla se cree que son terapéuticos.

Y sobre la música clásica, Gérard Mortier, el director de la ópera de París, es uno de los muchos que consideran que Mozart no es el único compositor que tranquiliza.  “Hay que encontrar la música más apropiada para la patología,” dice Mortier.  “Para algunas personas podría ser las Variaciones `Goldberg´ (de Johann Sebastian Bach).  Para otras podría ser el segundo acto de Tristan e Isolda (de Richard Wagner).   Y para un tercero podría ser un cuarteto de Schubert, y para otro podría ser Mozart.”

Sin embargo, John Hughes considera que Mozart obtiene los mejores resultados.  Hughes es neurólogo en el Centro Médico de la Universidad de Illinois, especializado en epilepsia.  Un día un compañero le dio una cinta de la misma sonata de Mozart que Rauscher había utilizado en sus investigaciones.  A la mañana siguiente la probó con un paciente en coma y se quedó pasmado cuando vio que reducía de manera notable la frecuencia de las crisis.  A continuación realizó una serie de estudios con 36 pacientes; 29 de ellos respondieron de igual manera a la música.  “No hay ninguna duda, alrededor del 80% de las veces el efecto es beneficioso sobre las crisis,” dice.   Entonces fue cuando comenzó a probar otro tipo de música clásica en los pacientes y lo que encontró fue que constantemente Mozart era el más efectivo en los pacientes epilépticos.

El cree que la clave está en la forma en que Mozart repite las melodías.  “A una línea melódica le da la vuelta de arriba a abajo y de dentro a fuera, lo que hace que para la gente sea algo interesante de escuchar.  Nuestro cerebro adora las secuencias regulares.”  Alguna música de Bach, trabajos de Mendelssohn y Haydn también obtuvieron una alta puntuación en este aspecto.  Pero las secuencias musicales de Mozart tienden a repetirse regularmente cada 20-30 segundos, que más o menos es la misma duración que las secuencias de las ondas cerebrales y otras funciones del sistema nervioso central.  Su conclusión es que la frecuencia de las secuencias de la música de Mozart contrarresta las secuencias irregulares explosivas de los pacientes epilépticos.   A diferencia de los tests de C.I., la respuesta que Hughes medía no tiene nada que ver con teorías de estado de ánimo o estimulaciones: “La mayoría de mis pacientes están en coma así que la explicación no podría ser, `como me siento mejor hago mejor las cosas´.   El efecto va directamente al cerebro.”

Michelle Quatron no tiene ni idea del porqué la música de Mozart funciona, pero dice que ha podido ver el efecto en su hija Lucy de 6 años que es autista.  “Solía sentarse en un rincón y no relacionarse con nadie,” dice Quatron.  Hace dos años comenzó a llevar a Lucy a un centro en Lewes, Inglaterra, que utiliza el método de Tomatis de oir música a través de lo que se llama un “oído electrónico” – básicamente unos auriculares normales con una pieza en el centro que vibra sobre el cráneo, y que transmite los sonidos a través de una conducción ósea.  Tomatis y sus seguidores afirman que esto produce un gran impacto en la capacidad de los pacientes para oir y escuchar a los otros y a si mismos, lo que constituye la parte central del tratamiento.  Sin embargo, ya que no hay ninguna prueba científica convencional de este método, las autoridades sanitarias de muchos países, incluida la estadounidense, no lo reconocen.

Quatron dice que al principio era escéptica sobre este tratamiento pero ahora se ha convertido.  “La primera cosa que nos asombró fue que ella permitió que sucediera – que estuvo sentada dos horas escuchando a Mozart , y no una vez sino diariamente durante catorce días”, dice Quatron.   Y está encantada con los cambios que ve.  “Lucy está haciendo amigos.  El contacto visual ha mejorado y su lenguaje va avanzando bastante.  Es como si se hubiera abierto.  Está emergiendo totalmente de si misma.”

En el plano oficial de la musicoterapia estos métodos se consideran pretenciosos.  La razón es porque los terapeutas oficiales que trabajan con niños incapacitados o con problemas normalmente hacen que éstos hagan música como una forma de expresarse y relacionarse con los demás.   En Gran Bretaña, donde la músicoterapia está registrada como una profesión dentro del campo de la salud desde 1999, Gary Ansdell del Centro de Musicoterapia Nordoff Robbins de Londres, indica que, “se trata de hacer música de forma activa no de una escucha pasiva.”  Ansdell también desprecia a Don Campbell y su imperio con el “efecto Mozart”.  “Tiene que ser mucho más complejo que todo esto,” dice.  “No ayudamos a Mozart reduciéndolo a un efecto.”

Pero en este año del aniversario de Mozart parece que cualquier cosa vale.  Si no que se lo pregunten a Carlo Cagnozzi.   Es un vinicultor toscano de Montalcino, cerca de Siena, que pone música de Mozart a sus viñedos durante los últimos cinco años.  Se le ocurrió esta idea cuando era joven y llevaba el acordeón a la vendimia.  Dice que poner a Mozart todo el tiempo a sus uvas ha tenido un efecto extraordinario.  “Maduran mucho más rápidamente”, dice, además de que aleja a los parásitos y a los pájaros.   Si realmente a Mozart se le hubiese enterrado en una tumba para indigentes, probablemente estaría revolviéndose en ella.  Con lo poco que todavía se comprende sobre los efectos psicológicos y fisiológicos de la música, investigadores de la Universidad de Florencia están ahora estudiando las afirmaciones de Cagnozzi.  Dice Don Campbell, autor del efecto Mozart, “Mozart tiene un atractivo universal.  Se necesita seguir estudiándolo.  Estamos comenzando a hacer las preguntas adecuadas.”   Lo que parece seguro es que la espiral de controversias continuará –  y Campbell seguirá vendiendo sus CDs.  Incluso si son falsas sus declaraciones de que la música de Mozart nos hace más listos, está ayudando a que mucha gente conozca a un compositor cuya música sigue siendo relevante 250 años después de su nacimiento.

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